México Tenochtitlan fue la capital del imperio mexica, cuya expansión encontró sus límites hasta lo que hoy es Centroamérica y que sigue sorprendiendo a propios y extraños por su grandeza comercial, militar, artística y sobre todo, arquitectónica.

Desde la llegada de los primeros aztecas, luego conocidos como mexicas, a la zona del lago de Texcoco, fue evidente la grandeza a la que estaban destinados. Pueblo sobreviviente a grandes dificultades desde su llegada en 1325 y hasta el fin de su imperio -el 13 de agosto de 1521-, su desarrollo arquitectónico retó a las condiciones lacustres de la zona y prevaleció sobre ellas.

Si tuviéramos que definir la arquitectura mexica, podríamos usar dos palabras: monumentalidad y grandeza. Como en todo gran imperio existía una estructura gubernativa, jurídica y social que permitía una clara división del trabajo, por lo que había, entre otros, especialistas en la construcción que se dedicaban a supervisar las grandes obras arquitectónicas.

Entre las construcciones que todavía nos asombran podemos elegir calzadas, canales, grandes basamentos piramidales y la creación de calpullis o barrios que según los cronistas, gozaban de suma limpieza. En cuanto a los basamentos piramidales, debido a su gran tamaño, requerían de cimientos de 5 ó 10 metros por debajo de lago que permitieron sostener la pesada piedra que servía para construir los templos.

Sorprende también la agricultura el pueblo mexica cuya base eran las chinampas sostenidas con pilotes sobre el lago de Texcoco y que alimentaban a toda la ciudad.

Queda mucho por descubrir y escribir acerca de la grandiosa arquitectura mexica. Aún hoy, después de casi 500 años, no se ha descubierto exactamente cuántos edificios, templos y palacios constituyen lo que conocemos como el Templo Mayor, ubicado a un costado de la Catedral de la Ciudad de México.

La grandeza de este imperio conforma una parte fundamental de nuestra esencia como  mexicanos, en especial de quienes son originarios del altiplano central, y quienes no pueden más que sentir  un gran orgullo  por la genialidad y capacidad intelectual de nuestros antepasados.

 

Templo Mayor

Templo Mayor.Fotografía siete24.mx